Educación al gusto

Comer es una necesidad primaria, pero también es una buena ocasión para disfrutar. El placer de comer se aprende y los adultos tienen el papel de transmitírselo a sus hijos, porque así se contribuye a su dieta equilibrada. La comida no debe utilizarse como recompensa («si te portas bien, tendrás tarta»), ni como castigo («te vas a quedar delante del plato hasta que te lo termines»), ni debe hacernos sentir culpables («hay niños que se mueren de hambre, así que no juegues con la comida»).

He aquí algunos sencillos trucos para animar al niño a que saboree y descubra nuevos alimentos.

Haga participar al niño

Los niños suelen ser muy curiosos. Sacie esta sed de curiosidad de manera que se interesen por las verduras y hortalizas. Cuanto más manipulen los alimentos, más familiarizados estarán con las diversas formas y colores que presentan las verduras y hortalizas. Con nuestras ensaladas listas para consumir, cocinar será un juego de niños.

Lo he hecho yo

Un poco de agua, un poco de tierra y mucho amor. A sus hijos les maravillará la hermosura de la naturaleza. ¿Cómo no van a estar orgullosos de haber cuidado la planta de menta o los tomates cherry que acompañan a sus hortalizas Florette?

Variar los platos

Las hortalizas tienen sabores y olores diferentes dependiendo de si están crudas, cocidas, calientes o frías. Apartarse de las presentaciones habituales permitirá que su hijo descubra y redescubra nuestras verduras y hortalizas. Nuestros brotes de espinacas se pueden preparar crudos, en ensalada, pasados por la sartén o como acompañamiento, por ejemplo.

Añadir alimentos crujientes

A los niños les suelen atraer más las texturas crujientes que las blandas. Nuestros deliciosos corazones de lechuga crujientes o nuestras hojas de lechuga Iceberg aportarán ese poquito que marcará la diferencia. Empiece con algunas hojas sin salsa colocadas en el plato junto a la comida favorita de su hijo. ¡Es solo para probarlo

 

Una pausa creativa

Como los adultos, los niños comen primero con los ojos. Juegue con los colores para sorprender a grandes y pequeños. Los niños, artistas en ciernes, no quedarán indiferentes a la estética del plato. Juegue con fantasía y elabore los platos con la forma de un personaje o una imagen. Comer también es soñar.

La repetición

Para acostumbrarse a un alimento nuevo, los niños necesitan probarlo entre cinco y quince veces. Propóngaselo con regularidad, pero no le obligue nunca a terminárselo. Se puede asociar con un alimento que ya le guste. El brócoli, por ejemplo, puede hacerlo gratinado con un poco de queso, servirlo al vapor con un poco de mantequilla, hornearlo con hierbas provenzales, integrarlo en las lasañas, hacerlo en puré…

 

Con historietas

¡Una pequeña puesta en escena puede aportar mucho! Si sirve a su hijo como si fuera el cliente de un gran restaurante, creará un buen ambiente que le ayudará a tranquilizarse y probará con más facilidad los pequeños manjares gastronómicos que usted le propone. Para un efecto óptimo, puede poner nombres a los platos: «ensalada de canónigos para princesa» o «gratinado especial superbíceps».

Acuérdese de que obligarle es contraproducente, optar por porciones pequeñas evitará el despilfarro y a su hijo le impresionará menos la cantidad. Las verduras y hortalizas se aprecian más si el niño puede identificarlas, y si solo se presenta un alimento nuevo cada vez. Estos trucos funcionarán mucho mejor si la comida se realiza en familia o si su mejor amiguito también lo prueba.